Situada en el corazón de Navarra y abrazada por las aguas del río Ega, esta histórica localidad, conocida como «la Toledo del Norte», parece surgir de un viejo manuscrito medieval, donde cada calle empedrada, cada palacio y cada iglesia guardan secretos que esperan ser descubiertos.
Llegar a Estella es como abrir una puerta al pasado. No en vano, durante
siglos fue una de las paradas más importantes del Camino de Santiago, una
ciudad hospitalaria que creció al calor de los peregrinos y que hoy sigue
conservando ese espíritu acogedor que la convierte en un destino irresistible.
Y la mejor manera de conocerla, es dejarse llevar, sin prisas, sin mapas
demasiado estrictos, pues basta comenzar a caminar por sus calles para
descubrir cómo el tiempo parece discurrir aquí a otro ritmo.
Uno de los primeros lugares que atraen la mirada es la IGLESIA
DE SAN PEDRO DE LA RÚA (enlace a
nuestra publicación). Su silueta domina la ciudad desde lo alto de una
escalinata que exige cierto esfuerzo, pero que recompensa al visitante con una
de las estampas más hermosas de Estella. Su magnífico claustro románico parece
suspendido en el tiempo, como si los siglos hubieran decidido respetar aquel
rincón de serenidad.
Salir de la iglesia y encontrarse de frente con el PALACIO DE LOS REYES DE NAVARRA (enlace a nuestra publicación), uno de los dos edificios románicos de carácter civil en Navarra, es como abrir un libro de cuentos ilustrado por el mismísimo medievo.
Aquí, un combate quedó congelado en el tiempo. Ocho siglos después, los
personajes siguen luchando, los caballos siguen avanzando y la imaginación del
visitante sigue completando una historia que nunca termina de escribirse.
Otro de los edificios civiles más elegantes de Estella es el ANTIGUO PALACIO DEL AYUNTAMIENTO, una elegante construcción que conserva el aire
señorial de los siglos en los que la ciudad vivía algunos de sus momentos de
mayor esplendor. Sus piedras, curtidas por el paso del tiempo, parecen guardar
la memoria de generaciones enteras de estelleses.
Levantado durante el siglo XVIII sobre el solar que anteriormente ocupó
la desaparecida iglesia de San Martín Tours y el primer asentamiento de los franciscanos
en la ciudad. Durante siglos, este edificio fue uno de los centros neurálgicos
de la vida administrativa de Estella. Desde sus dependencias se impartió
justicia y se gobernó una ciudad que había alcanzado gran relevancia dentro del
antiguo Reino de Navarra gracias a su posición estratégica en el Camino de
Santiago. Hoy, completamente restaurado, el edificio ha encontrado una nueva
vida. En su planta baja se ubica la Oficina de Turismo, mientras que las
superiores albergan el Centro de Interpretación de la Ciudad, un espacio que
permite comprender la compleja y fascinante historia de una de las localidades
monumentales más importantes de Navarra.
Continuamos nuestro recorrido por el corazón histórico de Estella siguiendo
la Calle de la Rúa o Kalea, una de las arterias más emblemáticas de la ciudad.
Caminar por ella es hacerlo entre fachadas cargadas de historia.
Primero nos frena la mirada el PALACIO DE LOS SAN CRISTÓBAL, joya del renacimiento y ejemplo de la arquitectura nobiliaria que floreció en Estella.
Pasaremos junto al conocido PALACIO DEL GOBERNADOR, perteneciente, también, a una familia estellesa con gran poder durante los siglos XVI y XVII.
Al final de la calle aparece uno de los rincones más pintorescos de la ciudad: el PUENTE DE LA CÁRCEL, por su aspecto, también denominado puente Picudo. Sus robustos arcos de piedra salvan las aguas del Ega desde hace siglos, ofreciendo una de las estampas más fotografiadas de Estella.
El sonido del agua fluyendo bajo sus cimientos y el reflejo de las
antiguas casas sobre el río crean una escena que parece sacada de una acuarela.
A pocos pasos, en un altozano, se encuentra el MONASTERIO
DE SANTO DOMINGO, llamado a veces convento de Predicadores. Es
otro de los testimonios del profundo pasado religioso de la ciudad y la primera
manifestación del gótico en Estella. Las dependencias de este conjunto austero
e imponente se articulan en torno al claustro. En el interior de la iglesia se
alojan varios sepulcros góticos y en el exterior destacan potentes
contrafuertes, el emblema de Navarra y la estrella de dieciséis puntas.
Nosotros continuamos por la calle Curtidores, siguiendo el cauce del río,
hasta detenernos frente a la IGLESIA
DEL SANTO SEPULCRO (enlace a
nuestra publicación). Su espectacular portada gótica es una auténtica lección
de arte tallada en piedra. Figuras, símbolos y detalles infinitos convierten su
fachada en un libro abierto para quien se detiene a contemplarla.
Desandamos nuestros pasos para cruzar el Puente de la Cárcel y descubrir la otra cara de la ciudad, el barrio de San Miguel y San Juan, igualmente fascinante.
El PALACIO DE LOS EGUÍA nos recibe como un elegante centinela de piedra. Su sobria nobleza encaja perfectamente con el ambiente de esta zona de Estella, donde cada esquina también parece esconder una pequeña historia.
Desde aquí avanzamos por la calle Julio Ruiz de Alda, una vía tranquila que invita a pasear sin prisas. De ella parten estrechos callizos que se abren inesperadamente entre las viviendas, callejones estrechos y misteriosos que conectaban estas con el río y que parecen guardar los secretos mejor guardados de la judería y de los antiguos artesanos. Rincones que a menudo pasan desapercibidos y que, sin embargo, conservan buena parte de la esencia más auténtica de Estella.
Asomándonos al río Ega, advertimos que divide la ciudad como una cinta de plata, reflejando las fachadas históricas que se asoman a sus orillas.
Elevando la vista hacia el cielo, nos vigila la IGLESIA
DE SAN MIGUEL ARCÁNGEL (enlace a
nuestra publicación). Su imponente presencia y la riqueza de su portada la
convierten en uno de los grandes tesoros monumentales de la localidad.
No es exagerado afirmar que estamos ante una de las fachadas más ricas
del románico navarro y español. Ante ella, uno tiene la sensación de
encontrarse frente a una auténtica biblia pétrea.
Su posición privilegiada domina la ciudad con la misma serenidad con la que un anciano sabio contempla el mundo. Desde allí, las vistas sobre los tejados de la ciudad permiten comprender por qué tantos viajeros quedaron fascinados por este enclave navarro.
Continuando nuestro recorrido llegamos a la singular Calleja del Chapitel, uno de esos rincones que parecen hechos para perderse durante unos minutos y dejar que la imaginación viaje varios siglos atrás.
Durante todo el día las nubes cubrían el cielo, pero ahora la lluvia comenzaba
a caer sobre las calles de Estella. Las piedras brillaban bajo el agua y si
bien la ciudad seguía conservando toda su belleza, recorrerla en silla de
ruedas comenzaba a resultar complicado.
La Calle Mayor reúne algunos de los edificios más bellos de esta parte de
la ciudad. Balcones, aleros tallados, escudos nobiliarios y tiendas con sabor
de siempre acompañan al visitante mientras avanza.
Llegamos ahora a uno de los espacios más representativos de Estella: la Plaza de los Fueros, presidida por la IGLESIA DE SAN JUAN, obra construida sobre un parral propiedad del rey Sancho el Sabio. Del románico inicial solo queda la portada de la nave del Evangelio.
Bajo sus soportales, que hoy nos sirven de refugio contra el aguacero, se percibe todavía el eco de los antiguos mercados y encuentros ciudadanos. Basta detenerse unos instantes para admirar los escudos que decoran algunas fachadas y comprender la importancia que este espacio tuvo en la vida cotidiana de la ciudad.
Nuestro paseo nos lleva finalmente hasta la Plaza de la Coronación. Allí, frente al edificio de la estación de autobuses, llama la atención un gran escudo que recuerda la rica historia y la identidad de esta tierra navarra.
Fue precisamente en este punto donde la visita tuvo que llegar a su fin antes de lo previsto. Rodar en silla de ruedas bajo la lluvia tiene su épica, pero también sus límites. Con cierta resignación, pero también con la satisfacción de haber descubierto buena parte de sus tesoros, decidimos dar por concluido el paseo. Quedaban aún rincones por explorar, calles por recorrer y nuevas historias por descubrir. Pero quizá sea precisamente eso lo que hace especial a Estella: siempre encuentra la manera de dejar algo pendiente para invitarnos a regresar. Y mientras nos alejábamos bajo la lluvia, la ciudad parecía despedirse envuelta en una suave neblina. Como una vieja dama medieval que, después de revelar algunos de sus secretos, decide guardar unos cuantos más para la próxima visita.
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