La iglesia de San Miguel Arcángel se alza sobre el cerro de La Mota como un viejo centinela que lleva más de ocho siglos observando el paso de peregrinos, viajeros y soñadores. Desde su posición privilegiada, domina la ciudad con la misma serenidad con la que un anciano sabio contempla el mundo.
Construida entre finales del siglo XII y comienzos del XIV, la iglesia es
un fascinante diálogo entre el románico tardío y el naciente gótico. Sus muros
parecen contar la historia de una época en la que la piedra no solo servía para
levantar edificios, sino también para transmitir mensajes, emociones y creencias.
Pero si hay algo que eclipsa el resto de la obra, es su extraordinaria PORTADA norte. No es exagerado afirmar que estamos ante una de las fachadas más ricas del románico navarro y español. Ante ella, uno tiene la sensación de encontrarse frente a una auténtica biblia pétrea.
En el centro del TIMPANO aparece Cristo en Majestad, rodeado por el Tetramorfos —los símbolos de los cuatro evangelistas—, la Virgen y San Juan.
A su alrededor se despliega un universo de arquivoltas pobladas por ángeles
que llevan en sus manos incensarios, profetas, ancianos músicos del
Apocalipsis, escenas del martirio de los santos, escenas de la vida de Cristo, bestias
fantásticas y advertencias morales que recuerdan a los fieles medievales los peligros
de apartarse del buen camino.
Los CAPITELES de la portada desarrollan, como microrrelatos esculpidos en piedra, algunos de los episodios más importantes de la infancia de Cristo. La historia comienza con la Anunciación y continúa con la Visitación, la Natividad, el anuncio a los pastores, la Adoración de los Reyes Magos y la Presentación en el Templo.
Más adelante aparecen la Huida a Egipto, las consultas de Herodes a los sabios y la dramática Matanza de los Inocentes. El ciclo concluye con varias escenas de guerreros enfrentándose a dragones y criaturas fantásticas, una poderosa alegoría de la eterna lucha entre el bien y el mal.
Los relieves laterales son aún más cautivadores. A la izquierda, SAN MIGUEL combate al demonio y pesa las almas en el Juicio Final, una escena llena
de movimiento y dramatismo que parece congelar la eterna lucha entre el bien y
el mal.
A la derecha, LAS TRES MARÍAS descubren el sepulcro vacío de Cristo,
anunciando la esperanza de la Resurrección.
Sobre ellas, un APOSTOLADO de piedra observa silenciosamente el paso de
los siglos.
Dedicar unos minutos a contemplar cada detalle de esta fachada es un
ejercicio fascinante. Hay leones devorando pecadores, cazadores, criaturas
fantásticas y personajes bíblicos que emergen de la piedra con una vitalidad
sorprendente. Resulta difícil imaginar que todo esto fue esculpido hace más de
ochocientos años.
Al entrar, el ambiente cambia. Si el exterior es un derroche de narrativa
románica, el interior es el triunfo del gótico temprano. El espacio se
ensancha, los arcos se apuntan hacia el cielo y la luz adquiere un tono
místico, casi irreal.
La iglesia se organiza en tres naves cubiertas por elegantes bóvedas: las laterales presentan crucerías góticas, mientras que la nave central se eleva bajo una hermosa bóveda estrellada que parece reproducir un cielo pétreo suspendido sobre los visitantes.
Entre los tesoros del interior destaca el retablo mayor barroco, una
explosión de dorados y formas dinámicas realizada entre los años 1735 y 1745
por José Velaz de Lerín. Sin embargo, en medio de toda esa exuberancia barroca,
sobresale una imagen gótica de San Miguel que conecta directamente con el
espíritu medieval del templo.
Mención especial merece también el retablo gótico de Santa Elena (1406),
una de las joyas artísticas más valiosas de la iglesia. Su delicadeza, sus
colores y la sensibilidad de sus escenas contrastan maravillosamente con la
monumentalidad arquitectónica que lo rodea.
También veremos otros retablos históricos, como el del Sagrado Corazón; el de la Misa de San Gregorio o el dedicado a San Crispín y San Crispiniano (1602).
Los
sepulcros aportan una dimensión especialmente humana al recorrido. Muchos de
estos enterramientos pertenecieron a personajes destacados de la sociedad
estellesa, cuyos nombres y linajes quedaron ligados para siempre a los muros de
la iglesia. Así, en el brazo norte del transepto están los sepulcros de los
Eulate. En el centro la Sepultura de Martín
Pérez de Eulate y Toda Sánchez de Yarte. Y a la izquierda,
el de fray Juan López de Eulate, quien, hasta su muerte, utilizó el cargo y
dignidad de Gran Prior de Navarra de los Caballeros Hospitalarios de San Juan
de Jerusalén.
En el lado sur del transepto está la capilla de Santa Águeda, con la sepultura de Juan de Eguía y Gracia de Baquedano, bajo una inscripción en romance castellano.
Sus escudos heráldicos,
cuidadosamente esculpidos, siguen proclamando siglos después la identidad de
quienes buscaron reposar bajo la protección de San Miguel.
Contemplado los numerosos tesoros que custodia en su interior, nos damos cuenta que son las páginas más coloridas de un templo que, tanto por dentro como por fuera, continúa contando historias a quien se detiene a escucharlas.
Antes de marcharse, conviene volver la vista hacia el exterior para
contemplar la torre gótica medieval y la posterior torre de ladrillo que se
alza sobre el crucero. Juntas forman una silueta inconfundible sobre el perfil
de Estella, recordándonos que esta iglesia no es únicamente un monumento, sino
una parte esencial de la identidad de la ciudad.
TODA LA INFORMACIÓN INCLUIDA EN ESTA PUBLICACIÓN, HA SIDO RECOGIDA DE LOS
SIGUIENTES ENLACES:
https://www.estella-lizarra.com/iglesia-de-san-miguel/
https://www.unav.edu/web/catedra-patrimonio/itinerarios-visitas/san-miguel-de-estella
https://www.arteguias.com/iglesia/sanmiguelestella.htm
https://turismo.navarra.com/item/iglesia-de-san-miguel-estella/
https://www.arquivoltas.com/6-navarra/EstellaSMiguel01.htm
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